viernes, 18 de febrero de 2011

Trampas del Destino - CAPÍTULO 14

Austyn llegó en la casa de Nirmala en el horario combinado, ser puntual era una característica fuerte en él, y que ella apreciaba. Nirmala lo esperaba en el jardín, y así que lo vio, corrió hacia el portón a su encuentro. Él la tomó en los brazos y la besó. Un beso suave y delicado, pero que conseguía transmitir la intensidad del que sentían uno por el otro. Entraron y mientras ella finalizaba el almuerzo, él conversaba con su tío. Austyn tenía que confesar para sí mismo que sería capaz de venir hasta allí sólo para conversar con el anciano. No tenía una explicación, pero él había conquistado su cariño.

Austyn se preguntaba se debía o no contar sobre su encuentro con Kelsey y el encuentro de este con Saori. No era asunto suyo, pero si las cosas no salieran bien en la conversación del otra pareja, sería Nirmala que acabaría consolando la amiga. Tal vez fuera mejor hacerlo. Poco antes de sentarse a la mesa, contó que Kelsey le había pedido para conversar, que había conseguido clarear un poco la visión de Kelsey sobre los motivos de Saori haber mentido para él y del encuentro de hoy. Nirmala quedó preocupada.

— ¿Será que ellos van a conseguir entenderse?¿Kelsey va a perdonarla?

— Creo que ya perdonó, pero no tengo certeza de que quiera continuar con lo enamoro.

— No sé lo que sea peor: ella quedar sin una definición o perderle...

— Como está es peor — observó Li Zheng —. Si Kelsey terminar con ella, Saori recomenzará su vida. Por peor que quede, recomenzará. Mientras eso no definirse, la vida de ella está suspensa.

— Pienso como el señor — dijo Austyn —, y el mismo valle para Kelsey. Lo incentivé a tomar una decisión.

— ¿Él la ama?— preguntó Nirmala

— Mucho — repuso Austyn.

— Faltó un poco de convicción en esta su afirmación, Austyn — observó el anciano. — ¿Por que?

Austyn sonrió y volvió su mirar para Nirmala.

— Por qué percibí que lo que él siente por Saori aún no llega cerca del amor que dedico la Nirmala.

— Las dos merecen un amor profundo como el suyo, espero que Kelsey sea capaz de eso.

— Creo que es. Sólo necesita de más tiempo.

* * * * * *

Kelsey decidió dar crédito a los consejos de Austyn y siguió su indicación de restaurante. Llegó a pensar en coger un taxi para llevar Saori hasta allá, pero después abandonó la idea. Ella no estaba atrás de alguien que se interesara sólo por ella¡! Él también! No tenía coche, hacía todo de tren, bicicleta o a pie, inclusive salir con su novia. Tomó el tren, descendió en la estación más próxima de la casa de ella y fue a pie buscarla. Si ella quisiera salir con él, tendría que ir a pie hasta la estación y proseguir de tren.

Exactamente a las once y media Kelsey tocó el timbre de la mansión de Saori, siendo atendido por la misma voz del otro día. Se identificó sólo como Kelsey y el hombre lo dejó entrar. Quedó preguntándose por cuantos seguridades tendría que pasar hasta poder decir hola para ella. Siguió por la calzada en dirección a la entrada principal de la casa y fue tomado por la sorpresa al ver la propia Saori descendiendo los escalones y viniendo a su encuentro.

— Hola, Saori.

— Hola.

— Usted está lista?

— Sí.

— Podemos ir?

— Podemos — accedió ella.

Ambos estaban incómodos, era extraño ese encuentro allí, en el jardín de aquella inmensa casa. Kelsey quedó medio sin saber lo que hacer. hacer media vuelta y seguir caminando sería inadecuado, parecería estar dando la espalda a ella... caminar de mano dada con ella, como ya había hecho, en este momento le era extraño. Saori lo quitó de esta confusión, tomándole del brazo. Siguieron hacia el portón.

— Iremos en tren — dijo él.

— Sí.

Siguieron en silencio. Saori tenía ganas de le preguntar si él ya había conseguido perdonarla, pero él había avisado que ella no debía buscarle, por lo tanto, halló más prudente dejar que él determinara el rumbo de la conversación de hoy. Kelsey no conseguía hallar nada para hablar, lo que tenían para conversar era muy particular... bien que Austyn le había aconsejado. No intercambiaron ninguna palabra antes de quedaren solos en el reservado del restaurante. Cuando el camarero los dejó, Kelsey tuvo coraje de comenzar a hablar.

— Estuve conversando largamente con Austyn.

— No lo culpe por no tener le contado nada, creo que hizo eso por consideración la Nirmala.

— Sí. Ya había conversado con él en la quinta.

Saori miró sorpresa hacia él.

— ¿Nirmala avisó él del que había acontecido?— preguntó ella.

— Él sabía que yo tenía la reunión en la empresa. Yo mismo le había contado. Sólo no había contado a usted porque quería hacerle una sorpresa se todo quedase a nuestro favor.

— ¿Por qué él no hizo nada para evitar ese encuentro?

— Porque no concordaba con su actitud — explicó Kelsey —, y sabía que un día tendríamos que resolver eso. Quizá haya sido mejor así.

— Yo le contaría hoy.

— Creo que así fue mejor.

— ¿Consiguió decidir alguna cosa sobre nosotros?

— Yo no puedo decidir eso solo.

— Yo te amo, Kelsey.

— Yo también te amo.

Quedaron mirándose, en silencio. La comida fue servida, el camarero se retiró, y ellos permanecieron en silencio.

— Aún no puedo decir que te perdoné, pero conseguí comprender lo que usted ha hecho — dijo Kelsey.

— ¿Puedo tener alguna esperanza?

— Creo que eso responda a su pregunta.

Él colocó sobre la mesa la misma caja que había enseñado a Austyn en la quinta. Saori a cogió y en un impulso de curiosidad abrió. Quedó sin aliento.

— ¿Kelsey!

Saori lloraba mirando las delicadas alianzas que reposaban en el terciopelo negro.

— Si a usted no le molesta que no hagamos una fiesta — dijo Kelsey cogiendo la caja de las manos de ella.

— Creo que usted ya sabe que no.

Kelsey cogió la más pequeña de las alianzas, tomó la mano de ella y colocó la joya en su dedo. Enseguida, extendió la caja para ella, ofreciéndole la propia mano. Trémula, Saori colocó la alianza en la mano de él.

— Para la pedís en boda, ¿tiene que ser para aquel su perro de guardia?

Saori rió, probablemente él se refería a el Adam.

— Él es la persona más próxima de eso — repuso ella.

— Entonces voy a dejar para otro día — dijo Kelsey con una sonrisa burlona.

Comieron casi en silencio, sólo intercambiando miradas, que decían mucho más que cualquiera palabra que sus labios pronunciasen.

* * * * * *

Angelos entró en el coche, cruzó los brazos sobre el volante y apoyó la cabeza en ellos. Se sentía humillado, detestaba pedir dinero para su familia, hace mucho tiempo no necesitaba hacer eso, pero ahora era necesario. Volvió a repetir para sus adentros que era preciso hacer eso. Encendió el motor y fue buscar el juez de servicio, deseaba que aceptaran el cheque de su padre. En esas horas agradecía haber nacido en cuna de oro, fue todo absolutamente fácil, ahora era sólo seguir para la prisión provisional y hablar con él.

Estacionó a algunas cuadras de la prisión, pues domingo era día de visita, y el movimiento era grande, no deseaba causar confusión alguna llegando con su coche lujoso en medio a aquellas esposas, madres y hijos que venían a visitar los detenidos. Entró en la larga fila, aunque sabía que no era necesario, prefirió así. Ellas lo observaban de cima a bajo, era uno de los únicos hombres allí, y el único bien vestido. Finalmente llegó al guardia de la entrada, le entregó la orden de soltura que el juez había firmado.

— No era necesario haber entrado en la fila — dijo el guarda.

— ¡Ah! ¿No?No me ha molestado.

El guardia de la entrada llamó otro guardia, que condujo Angelos hacia una sala apenas mobiliada y oscura, pidiéndole que aguardara. Tardó cerca de diez minutos para que el director de la prisión viniera a conversar con él.

— ¿Por qué tardaron tanto tiempo para quitarlo de aquí?— preguntó el director.

— Problemas de familia.

— Tras casi dos años en la prisión, un hombre no es más el mismo de cuando entró. ¿Están preparados para eso?

— ¿Alguien está?— repuso Angelos.

— Sí, muchacho, nadie está. Ni mismo quien sale de aquí. ¿Cual su parentesco con él?

— Soy novio de la hermana de él.

— Parentesco extraño para venir a rescatarlo. ¿La familia no quería?¿Por eso tardó?

— ¿Responder sus preguntas va a ayudar en alguna cosa?— espetó Angelos.

El hombre sonrió condescendiente, estaba acostumbrado a hacer eso y tener que justificarse.

— A lo mejor usted va a tener que pensar en las respuestas. Él no recibe visita alguna hace más de un año, tal vez yo sepa más sobre el hombre que usted va a llevar para casa del que vosotros.

— Entonces debe saber que el único pariente de él es la hermana, con quien él vivía, y que ella deseaba que él quedara para tener noción de la gravedad del que hizo.

— ¿Y por qué usted ha venido a quitarlo de aquí?— preguntó el hombre.

— No concordaba con eso, pero era inicio de mi relación con ella, no la conocía muy bien. Ahora sé más sobre ella, está perturbada por él quedar aquí, pero pienso que le falte coraje para hacer eso. Decidí yo mismo lo hacer.

— ¿Y se dé errado?¿Si ella no lo quiera?¿Si lo echar a la calle?— inquirió el director.

— Él quedará conmigo.

— ¿Y si él no quiera quedar con usted?

— Todo a su tiempo, Director.

— Eso todo puede acontecer hoy.

— Pero no ahora — replicó Angelos.

— Buena respuesta. ¿Seguro que quiere hacer esto?Aún puede volver atrás.

— Tengo certeza.

— Voy a mandar llamar el muchacho. ¿Has traído ropas?

— Sí.

— Entonces me dé para que él pueda arreglarse.

El director salió de la sala, y nuevamente Angelos se vio solo por un largo tiempo esperando. Rezaba para que no estuviera cometiendo una tontería... para que todo quedase bien. Para Thomas y para él. La puerta se abrió y el muchacho, que esbozaba una sonrisa, pareció marchitar al verlo.

— Hola, Thomas.

— Hola. Marina no vino — la afirmación fue triste.

— No, ella siquiera sabe que he venido.

El muchacho el miró espantado.

— ¿Ya le dijeron para que yo vine?— preguntó Angelos.

— Dijeron una cosa, pero no sé se es verdad — masculló Thomas

— Vine para llevarte hacia su casa.

— ¿Por que?

Simpatizara con Angelos cuando lo había conocido, pero después que fuera a la prisión, había quedado imaginando que era a causa de él que Marina no pagaba la fianza para quitarle de allí.

— Marina está necesitando de usted.

— ¿Ella está enferma?

— Me gustaría poder garantizarte que no, pero yo no sé. Ella parece estar bien, pero ha quedado muy cansada y más abatida que de hábito. Desde que usted vino para acá ella no es la misma.

— Y si ella no me quiera...

— Ella te ama, sufre mucho a causa de todo que aconteció. Su cuarto está allá, igual a antes. Eso es una prueba de que ella te espera.

Una leve sonrisa iluminó el rostro del muchacho. Angelos se sentía deprimido al verlo, muy poco acordaba del joven que había conocido cuando comenzó a enamorar Marina. Bien que el director había avisado...

— ¿Yo soy obligado a ir?— preguntó Thomas con la voz temblorosa.

— El director ha dicho que aún podíamos volver atrás. ¿Usted quiere quedar?

— Creo que no...

Con pasos inciertos siguió Angelos para fuera de aquella prisión. Tanto había soñado con ese día y ahora tenía miedo de los próximos minutos: quería salir y quería quedar a la vez.

Siguieron en silencio hasta la casa de Marina. En la puerta del apartamento, Angelos paró indeciso entre usar su llave o el timbre. Quedó con la segunda opción. Marina echó un vistazo por el ojo mágico y vio Angelos, abrió la puerta sin ganas, pues estaba molesta de haber quedado sola. Él fuera almorzar con los padres y había tardado mucho. Soltó el trinco y se volcó.

— Mmmm... Consiguió acordar donde yo vivo... ¿Olvidó la llave?— ella hablaba de espaldas hacia él, volviendo para el sofá.

Angelos hizo Thomas entrar y entró atrás del muchacho, cerrando la puerta.

— No, es que yo traje un presente para usted.

Ella se volcó, curiosa, sintiendo su irritación empezar a disminuir, pero dio de cara con su hermano. Lágrimas intentaron venirse a los ojos, pero su sangre hirvió y encaró el novio.

— ¡Que maravilla! Era todo que yo necesitaba, más un problema en mi vida. ¿Ya no tengo problemas que llega, Angelos?— explotó Marina — Justo esta semana en que Saori dejó todo en nuestra mano, ¡usted hace una broma sin gracia de estas!

Thomas lloraba, intentó salir del apartamento, pero Angelos había si colocado a propósito frente a la puerta, y no permitió.

— ¿Usted no cree que está muy viejo para quedar usando el dinero de sus padres para satisfacer sus caprichos, Angelos?— dijo Marina con frialdad.

— ¿Usted quiere la llave de la puerta de vuelta?— repuso él con calma.

Marina heló. ¿Él estaba sugiriendo terminar lo enamoro?¿Será que fuera lejos demasiado en su irritación?Pero él la había provocado. No, él sólo estaba intentando ayudarla... sabía lo que ella sentía por el hermano... Las cosas no podían acabar de esa manera, ella no soportaría perderle. Necesitaba conversar ahora con él, y lejos de Thomas. Se volcó para el hermano, mirándolo sin expresión.

— Usted conoce esa casa, sabe cual es el cuarto que yo no uso. Vaya para allá.

El muchacho quedó confuso. ¿Ella estaría refiriéndose a su antiguo cuarto?Miró para Angelos, buscando una respuesta.

— Obedezca, vaya a su cuarto — dijo Angelos.

Thomas siguió para el cuarto, dejando la pareja en la sala.

— ¿Por qué usted hizo eso?— preguntó Marina con las lágrimas que había conseguido contener delante de su hermano descendiendo por su rostro.

— ¿Usted quiere la llave o no?— repuso Angelos.

— ¿Usted está colocando un punto final en nuestra historia?

— Es usted que está haciendo eso. Esa mujer que acabé de ver no es la misma por la cual me enamoré.

Él colocó las llaves que ella le había dado al lado de la tele y salió.

— Angelos... — masculló ella dejando el cuerpo resbalar hacia el suelo y, abrazando las rodillas, lloró hasta sentir que sus lágrimas habían secado.

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