jueves, 7 de octubre de 2010

La Magia del Río - EPÍLOGO


LA SEMANA QUE antecedió su boda fue para Juliet una semana de ensueño.

En la parrillada del lunes conoció las mujeres y novias de los amigos de Nicolás y supo que tendría allí más amigas de las que había tenido en Arkansas. Vio que no sólo Verónica tenía muchas amistades, también Nicolás, Juan Pablo, Román y Diego –que ella conoció ese día.

Al fin y al cabo, los lujanes eran personas normales que vivían como cualquiera.

Sus nuevas amigas prepararon durante la semana algunas de aquellas reuniones que las mujeres suelen hacer antes de la boda, con regalos y juegos tontos que divirtieron Juliet.

Nadie hablaba de ello, pero Verónica no había vuelto más a la casa y Juliet se hizo cargo de los quehaceres domésticos. Aunque ocupada, tenía tiempo para sus dudas y miedos. Había una pequeña sombra en su felicidad.

El sábado por la noche, después que Juan Pablo volviera del cambio, Román vino a conversar y los cuatro terminaron jugando una partida de cartas.

Tal vez por la proximidad de la boda o por lo agradable de aquella situación familiar, lo cierto es que Juliet no pudo contener las lágrimas.

–Juliet... –dijo Nicolás abrazándola.

–No te preocupes –dijo ella con un ademán –no es nada.

–Nadie llora por nada –dijo Román–. Vete a la habitación y habla con Nicolás.

–No hace falta, Román –repuso Juliet encogiéndose de hombros–. No es secreto. Mis padres no vienen a mi boda.

–Creo que no –dijo Nicolás acariciando su pelo.

–Seguro que no. No han llamado, además he enviado un email a mi madre y a mis hermanas. Nadie contestó.

–Lo siento por decirlo, Juliet, pero eso me gusta.

"¡Maldito sea!", pensó Nicolás, "Siempre pensando como el Consejero". Juan Pablo era un monstruo, no tenía sentimientos y ni siquiera respetaba los de Juliet. No querría molestar Juliet ahora, pero más tarde hablaría con su hermano.No dejaría las cosas así.

Juliet alzó la mirada hacia Juan Pablo, sin rabia.

–Me gustaría conducirte al altar, Juliet. Quiero llevarte del brazo hacia Nicolás.

Más que la voz profunda, había sido la mirada de Juan Pablo la que le impresionó. Juliet se percató de que aquello no era un favor hacia ella, sino un deseo. Orgullo. Era eso lo que los ojos de Juan Pablo expresaban.

–Me gustaría que lo hicieses –repuso Juliet.


JULIET TOMÓ aire y dejó que Juan Pablo la tomase del brazo.

Recorrieron la alfombra roja.

Después de la ceremonia, Juliet volvió a recorrer la alfombra roja, esa vez del brazo de Nicolás.

De su marido.


ERAN MARIDO y mujer hace tres días. El patrón de Nicolás había le dado una semana más de vacaciones a causa de la boda, entonces se quedaron en casa. Habían hecho el amor cerca de la piscina, como en la primera vez, y estaban ahora tendidos en el suelo, abrazados.

–Hay algo importante de lo que no hemos hablamos aún –dijo Juliet acariciando el lunar de Nicolás.

–¿Qué?

–Hijos.

Él tembló con el recuerdo de las palabras de Juan Pablo. Juliet se percató de su tensión.

–Yo tomaba la píldora y sigo tomándola, pero es algo que debe ser un pacto explícito entre nosotros.

–Así es.

Juliet irguió el cuerpo apoyándose en el codo y lo miró a los ojos.

–Algo no está bien. Dímelo.

Nicolás tomó aire, no podía decir que no había nada, Juliet era inteligente y notaría de su tensión, pero no quedaba tiempo para saberlo todo. En poco tiempo aprendería las terribles consecuencias de la maldición.

–Dicen que no son útiles con nosotros. Que no hay como impedir el embarazo. De ninguna manera. Ningún método es eficaz con nosotros.

Juliet no dio importancia a la voz sombría de Nicolás.

–Sea lo que sea, aprendí a creer en el destino. No planeé el viaje en que te conocí. Todo lo que había planeado cuidadosamente se estropeó. Y el destino me trajo la felicidad.


EL AÑO HABÍA volado para Juliet. No tenía empleo pero los quehaceres domésticos llenaban sus días. Amaba aquella casa tanto como a su marido y le gustaba cuidar de las cosas de Juan Pablo también. Sabía que la vida de él era solitaria y que ella y Nicolás llenaban un poco de esa soledad.

Todos los lujanes se reunían en las fiestas y ese año la conmemoración de Navidad era en la casa de Verónica. Juliet y Verónica habían se habían tornado muy amigas, iban de compras juntas, intercambiaban confidencias y Verónica venía de visita a la casa de ellos a menudo. Aunque Juliet seguía pensando que Verónica no los visitaba sólo por ella.

Después del almuerzo, Juliet y Verónica se ubicaron en el jardín bajo la sombra de los árboles.

–Hola, preciosas.

–Hola, Gabriel –repuso Verónica de mala gana–. Es mejor que te alejes antes que Nicolás o Juan Pablo se percaten de que estás aquí.

–La ciega obediencia al Consejero –dijo Gabriel con desdén–. Esa cosa de seguir el líder los acerca a los animales. ¿Ya te diste cuenta?

–¡Cállate y vete!

Gabriel ignoró el enojo de Verónica y se volcó hacia Juliet. Nicolás era un chico de suerte, era guapa y estaba preciosa ese día.

–¿Es verdad?

–¿El qué? –preguntó Juliet.

–Que estás embarazada.

–Sí –repuso Juliet con orgullo–. De dos meses.

–Te deseo suerte.

Verónica miraba Gabriel con atención, pero él tenía los ojos puestos en Juliet.

–Gracias –repuso Juliet.

–Espro que sepas que la maldición caerá sobre tu hijo.

–Sí.

–¿No te preocupas?

–No –repuso Juliet con tranquilidad–. Ya sabía todo cuando acepté a Nicolás en mi vida.

–¿Todo?

–Sí.

Verónica advirtió el peligro en la mirada de Gabriel y perdió la paciencia.

–¡Vete, Gabriel! ¡Ya!

Él carcajeó, se incorporó y, encogiéndose de hombros, les dio la espalda y comenzó a alejarse de ellas. Tras algunos pasos se volcó y miró Verónica.

–Prima, a veces me pregunto por qué defiendes tanto a Juan Pablo. Ni el mismo Nicolás lo hace de esa manera... apasionada –Gabriel soltó otra carcajada y se alejó en definitivo.

Juliet se asombró de la manera en que Verónica palideció.

–¿Estás bien?

–Yo sí, ¿y tú?

–No pasa nada, te has preocupado sin motivo. Sé que a él no le gusta Juan Pablo.

–Gabriel odia Juan Pablo.

–¿Es tanto así?

–Seguro que lo es.

–¿Por qué?

Verónica tomó aire para contestar la pregunta de Juliet.

–Gabriel quería el puesto de Consejero. Cree que ha sido una injusticia que Juan Pablo lo haya asumido tras la muerte de su padre como si fuese un puesto hereditario.

–¿No lo es?

–No. Es una elección. Aquél que naturalmente tiene autoridad sobre los otros lo ocupa. Y tras la muerte de mi tío no hubo elección, Juan Pablo asumió el puesto y nosotros lo aceptamos.

–Menos Gabriel.

–Sí, menos él.

Quedaron en silencio por un largo tiempo. Juliet advirtió algo de dolor en la mirada de Verónica.

–Es algo más grave que eso, ¿no?

–Sí, Juliet. Mucho más. Gabriel ha intentado asesinar Juan Pablo.

–No creo que su odio haya llegado a ese punto...

–Pues llegó. Hace muchos años. Ni el mismo Nicolás conoce esa historia. Sólo nosotros tres.

Verónica se calló por un tiempo y entonces empezó a hablar con la voz sumida.

–Era noche y Román había llamado a casa pidiendo para que alguien lo buscase en la ciudad pues se quedaría jugando cartas con amigos y Juan Pablo lo había dejado atrás. Salí con el bote y al alcanzar el Luján vi Gabriel. La lancha tenía las luces apagadas, como si él estuviese ocultándose. Me quedé parada en la orilla observándolo alejarse. Estaba curiosa y creo que fue eso lo que me hizo prestar atención al bote de Juan Pablo. Atado al muelle, se balanceaba mucho más de lo que el movimiento del agua podría causar. Sin pensar me acerqué.

Verónica tembló bajo la impresión de sus recuerdos y cerró los ojos.

–Gabriel había sacado Juan Pablo del Luján durante el cambio. Por la mañana todo lo que Nicolás encontraría sería un pez muerto dentro del bote. Faltaba poco. Lo devolví al río y lo ayudé a recuperarse. Gabriel nunca más intentó nada, aunque siempre desafía la autoridad de Juan Pablo.

–¿Él sabe que ayuste a Juan Pablo?

–No. Creo que es eso que le impide de intentarlo otra vez: cree que Juan Pablo salió solo de aquello.

–O sea, cree que Juan Pablo tiene más poder del que realmente tiene.

–Algo así.

Los mellizos, Lucas y Javier, se acercaron a ellas y la conversación fue más blanda por el resto de la tarde.


LA PUESTA del sol daba un colorido especial al río y a la ciudad. Sentada en los escalones del muelle, dejando que el río le besase los pies, Juliet miraba el agua. Había recibido un llamado del río y lo había atendido. El premio por su obediencia fue Nicolás. Y todas las cosas buenas que él trajo a su vida.

Primer día del año. De un nuevo año. El año en que iba a ser madre.

Juliet tembló por la emoción. Nicolás sería un padre perfecto y ella se esforzaría para ser una madre a su altura.

Juan Pablo tal vez se sintiese menos solitario con la presencia de un niño en la casa... aunque uno de sus deseos de año nuevo era que él encontrase su mitad. Y desistiese de aquella idea de dispensarla.

Quería que Juan Pablo encontrase el amor que ella encontró en Nicolás.

Primer día del año y lo pasaría sola. Fines de semana, feriados, vacaciones para los otros, eran días de trabajo para su marido. Ahora, hacía lo que todas las mujeres de marineros hacían: esperaba. Pero su marinero volvía a casa todos los días.

Juliet tomó aire. Hoy haría algo que venía pensando en hacer desde que supiera de su embarazo: escribir a su madre. Había sido un email largo, el primero desde su boda hacía más de un año. Si su madre iba leer o contestar no le importaba, sólo querría decirle lo feliz que estaba.

Avistó el bote. No importaba cuantos botes idénticos pasasen por el río, siempre sabía cual era aquél que esperaba. Su corazón se lo decía. Hay cosas que los ojos confunden, pero el corazón siempre reconoce el amor.
 
FIN

3 comentarios:

  1. Este epílogo me dejó con ganas de mucho más, puesto que nos permitiste ver un poquitín de los otros personajes, de sus amores y también de sus odios.
    Esta novela me gustó mucho y deseo leer todas las otras historias, que prometen serán tan buenas como esta. También me gustaría volver a saber de Nicolás y Juliet y de su bebé.

    Lo dicho, Cristina, me encanta esta saga y sigo pensando que entre Verónica y Juan Pablo hay algo más!!!

    Felicitaciones por esta bonita historia que has creado y gracias, muchas gracias por permitirnos leerla. Ahora que llegó a su fin, yo la voy a extrañar.

    Besos,
    Bri

    ResponderEliminar
  2. Oh !! no puedo creerlo que se terminara, me he apasionado con esta historia tan hermosa, no puede ser quiero mas !!!!
    Un muy buen final, me encanto que terminara a si, ellos juntos y con la llegada de su bebe !!
    Como dice Brianna yo también la voy a extrañar !!
    Me ha encantado en verdad !!
    Kisses ^ ^

    ResponderEliminar
  3. Cristina, muchas gracias por compartirlo, no he podido leerlo por falta de tiempo, pero en cuanto pueda lo haré. Un beso.

    ResponderEliminar

hostgator coupon codes