martes, 28 de septiembre de 2010

La Magia del Río - CAPÍTULO 6


NICOLÁS NO HABÍA esperado por su hermano para volver a casa. Después de la comida, llevó a Juliet al Museo Naval y enseguida ella declaró que volvería a Buenos Aires. Caminaron juntos hasta la Estación y se despidieron sin acordar una cita. Desilusionado, él volvió a casa.

Cuando llegó, Juan Pablo se percató inmediatamente que su hermano se quedaba en el río. Entró, preparó una cena simple y esperó por Nicolás. Casi dos horas después, el joven entró en la casa.

–Creo que necesitamos hablar –declaró Nicolás sentando delante de su hermano.

–Es por eso que te he esperado –repuso Juan Pablo con tranquilidad–. Primero mi pregunta, que es sólo una, después haces todas las que quiera. ¿De acuerdo?

–Sí.

Nicolás quedó intrigado con esa posición de su hermano. Juan Pablo solía dominar todas las conversaciones, no sólo con Nicolás, más con todos. Miró su hermano a los ojos, tan negros cuanto los suyos.

–¿Cuándo vas a verte Juliet otra vez?

Nicolás se echó a reír.

–¿Es esa tu pregunta? ¿La única que tienes?

–Sí.

Nicolás carcajeó.

–Estás enfermo. Muy enfermo, Juan Pablo.

–Si la respuesta no te importara, hermano, sería decir que ella no te preocupa. Y eso responde a muchas otras preguntas que yo tengo.

El rostro de Nicolás se revistió de una capa de tristeza para decir:

–La respuesta no me importa porque no hay respuesta. Ella se fue.

–Se fue –repitió Juan Pablo –o la dejaste ir. Pregúntatelo..

–No tienes porque preocuparte, Juan Pablo. Ella no es mi mitad.

–¿Estás seguro?

–Ella no ha vuelto por mí, sino por el río.

–¿Por el río? –Juan Pablo quedó asombrado, con miedo de sus peores sospechas.

Nicolás contó a su hermano la escena con Juliet y todo lo que ella le había dicho sobre el llamado del río. Al oír todo, Juan Pablo dejó escapar un suspiro de alivio.

–Ella se ha fijado en el río porque fue en él donde te vio por primera vez. Además, estabas en el río, sin volver del todo del cambio, cuando la hechizaste. Por eso ella mezcla tu llamado con el río y su propio miedo al agua. Quizás tenga tanto miedo de amar como del agua –declaró Juan Pablo.

–Tal vez más –y Nicolás contó los aspectos de la vida personal que Juliet le había revelado en el restaurante.

–Olvídate de que ella haya vuelto por otra cosa que por ti. Ha sido por ti que ella ha venido.

Nicolás miró furioso hacia su hermano.

–Eres un brujo –acusó Nicolás.

–Te conozco. Conozco los mismos hechizos –repuso Juan Pablo con serenidad.

–Me has hecho contarte todo –dijo Nicolás con furia contenida –con una sola pregunta.

–Me lo contaste porque has querido. No has hecho nada contra tu voluntad ni has sido forzado a hacer lo que no querías.

–Desde luego. Sólo he sido manipulado.

–Suele ocurrir con todos, aunque tú seas el más difícil de manipular a mi favor.

–¡Eres prepotente y arrogante!

–Además de ser el Consejero. El hombre responsable por tus vidas. Te olvidaste de eso, Nicolás.

Nicolás bajó la cabeza.

–Lo siento, Juan Pablo.

Juan Pablo se levantó y abrazó a su hermano.

–No lo sientas, no hay porque. Has dicho lo que piensas y tienes razón. A veces es difícil hacer lo que mi puesto me obliga. ¿Vamos cenar?


JULIET MIRABA la tele sin le darle atención. Como había salido temprano de Tigre, se había venido a pie desde la Estación, recorriendo las calles llenas de personas que hacían compras. Se quedó un rato en una heladería, pero nada, nada logró quitar Nicolás de su pensamiento.

No quería desilusionarse otra vez. Sabía que era vulnerable, que la traición de Bryan había herido su orgullo y ser admirada por otro hombre, además uno tan atractivo como Nicolás, le devolvía un poco de él. No podía dejarse llevar por sus sentimientos, eran muy confusos.

Hoy había descubierto que lo que compartió con Brriera era muy poco de lo que un hombre y una mujer pueden compartir. Pocas horas con Nicolás le mostraran eso. Nunca había sido íntima con Bryan, aunque habían compartido la cama. A él nunca le había confesado sus miedos como lo hiciera a Nicolás. Tal vez porque era más fácil hacerlo con un desconocido...

Rió. Mejor sería no intentar engañarse a si misma. Dos encuentros con Nicolás, unas horas de conversación y muchos secretos compartidos. Era como si lo conociera desde hacía muchísima tiempo, como si fuese parte de su vida. No lo era. Pero podría serlo... No. No podía ser así. Nicolás pertenecía al río, ella a Arkansas; tenía una vida allá. Una vida que en un par más de semanas debería retomar. Una vida que no sabía si tendría fuerzas para retomar.

Juliet apagó la tele, se arregló para acostarse, apagó las luces y se metió bajo las sábanas. El sueño no vino y sus pensamientos volaron de vuelta al Delta.

A Nicolás.

Tal vez él tenía razón con lo que le había dicho sobre el llamado del río: era una invitación a una nueva vida. Pero, ¿podría tener una nueva vida si volvía a la vieja rutina que vivió durante todo el noviazgo con Bryan? ¿O la invitación incluía a Nicolás en esa nueva vida? No perdería nada si imaginase cómo sería su vida si aceptaba la invitación de aquellos ojos negros...


NICOLÁS NADÓ hasta el agotamiento. Apenas se recuperó del cambio, volvió al río para nadar más. Quería sentirse tan exhausto que no tuviese fuerzas para pensar en Juliet. Y ni en Juan Pablo. Aún estaba enojado con su hermano por la manera que había manejado la conversación. Por la tarde tendría que quedarse en la Estación, pero la mañana era suya.

Juan Pablo se percató de que su hermano no quería verlo esa mañana. Si pudiera, se habría quedado en su casa y esperado, pero su trabajo era, de cierta manera, más importante que los caprichos de su hermano. Ese era uno más uno de los precios a pagar por ser un luján. Tenían que vivir de manera discreta y nunca, llamar la atención sobre si. Necesitaban ser casi invisibles. Lo mejor para ellos era que nadie los notase. Ser un buen empleado era una de las maneras de garantizar que nadie se incomodara con su vida.

Nicolás tenía motivos para estar enojado con él, reflexionó Juan Pablo mientras remaba hacia Tigre. Su hermano había sido muy tonto en sólo hablar, le había ofrecido la oportunidad de hacerle preguntas, pero Nicolás no hizo ninguna. ¿Tendría miedo de las respuestas que oiría?

Por la tarde Nicolás fue a Tigre, como había quedado con su patrón al salir de vacaciones. El primer domingo de la llamada "alta temporada" estaba soleado y tuvo el gran movimiento que esperaban. Nicolás tuvoque realizar cuatro paseos, y en todos fue invadido por el recuerdo del paseo con Juliet.

La puesta del sol se acercaba y los turistas dejaban Tigre. Nicolás fue dispensado y decidió volver solo a casa. Juan Pablo se sorprendió al buscar a Verónica para volvieran y no encontrar Nicolás. Ella no sabía de él y Juan Pablo lo buscó en el trabajo.

–Vayámonos, Verónica. Nicolás se fue solo.

A pesar del rostro sombrío de Juan Pablo, Verónica se arriesgó a preguntar:

–¿Tú y Nicolás se han peleado?

–No.

–Pero él te ha evitado hoy, Juan Pablo. Y sé que te has dado cuenta. Como no te has preocupado con su desaparición esta mañana y no pareces sorprendido con la de ahora, creo que sabes el motivo..

–Sí.

Verónica resopló. Cuando Juan Pablo se ponía a responder con monosílabos, le irritaba. Dentro del pequeño bote parecían estar jugando a esas tonterías de juegos de palabras que las radios solían hacer.

–Sé muy bien que eres el Consejero y todos sabemos de tu capacidad para conducir nuestra existencia, pero a veces creo que no ocurre lo mismo en tu casa. Ni siempre logras llevarte con tu hermano. Como ahora. ¿Tienes problemas con él a causa de la chica?

Durante un rato sólo el sonido de los remos cortando el agua pudo ser oído. Cuando Verónica ya casi desistía de esperar una respuesta, la tuvo.

–Sí –declaró Juan Pablo de una manera firme y dejando claro que no diría nada más.

Por esa vez, Verónica no se contuvo:

–¿No vas a decir otra palabra que no sea "sí" o "no"?

–No –repuso él.

–¿Estás jugando conmigo? –reclamó ella casi enfadada.

–No –volvió a decir Juan Pablo y su seria cara parecía amenazar en la oscuridad de la noche.

–No es que yo esté intentando husmear en tus asuntos privados, Juan Pablo, pero estoy muy preocupada por ustedes. Nunca han tenido problemas, nunca he visto Nicolás no querer hablar con usted... tal vez alguien pueda ayudarlos. Si no yo, otra persona. Mi hermano, quizás.

–Gracias por la preocupación, Verónica, pero es un asunto del Consejero y no del hermano de Nicolás. Solo para que te quedes más tranquila: ya he buscado a Román.

Ella sonrió. Las cosas eran graves, muy graves, pero Juan Pablo no se quedaba solo. Verónica sabía que su hermano, Román, era el único amigo de Juan Pablo, la única persona además de Nicolás a quien el Consejero pedía una opinión.

Juan Pablo dejó Verónica en su casa y volvió a la suya. Apenas ató el bote al muelle, se quitó la ropa y entró en el río. Cuando, mucho tiempo después volvió a casa, fue sorprendido por su hermano que lo esperaba en la sala.

–¿Qué pasa? –preguntó Nicolás y cuando su hermano enarcó las cejas sin comprender la pregunta, carcajeó –Sueles hacer esa pregunta todas las veces que me vuelvo desnudo a casa.

–Que son muchas –observó Juan Pablo.

–Hacía tiempo que yo no veía tu lunar –bromeó Nicolás.

–Como ves, sigue en el mismo lugar –repuso Juan Pablo sentando en el sofá.

–¿Aún tengo derecho a las preguntas de ayer?

–Sí, no has gastado ninguna. Tiene derecho a todas.

–Bien... voy empezar con una muy sencilla –el rostro de Nicolás tenía una expresión divertida que no escapó a Juan Pablo, aunque la pregunta le sorprendió

–¿Por qué no te pusiste la ropa?

–¿Y eso importa?

–En ti, sí. No sueles hacer eso.

–Me quedé irritado con las preguntas de Verónica sobre ti, preocupado con tu alejamiento, con todas las cosas que suelen ocurrir con nosotros, con tu Juliet y todo lo que hemos hablado anoche y se tornó urgente hacer el cambio. No podía volver al bote para buscar la ropa, sería peligroso. No hay problema en que me veas desnudo en nuestra casa, pero si me ven el río así... podría tener problemas con la policía.

–¿Por que estás preocupado con Juliet?

–Porque creo que ella es tu mitad.

Nicolás parpadeó. Esperaba oír de su hermano algo muy distinto a eso... ni él, a pesar de lo mucho que le había gustado Juliet, pensaba que fuera su mitad. Por un momento su corazón se llenó de alegría y sonrió, pero enseguida volvió a quedarse serio. No había nada que garantizase eso, todo ocurrido demostraba justo lo contrario.

–Pero no lo es –contestó Nicolás muy serio.

–Sí. Necesitas de la prueba del lunar –Juan Pablo se encogió de hombros –, búscalo, que lo vas a encontrar.

–¿Por qué estás seguro de que Juliet es mi mitad?

–Porque resistió tu hechizo. Solo tu otra mitad la resiste. Ella resistió regresar la primera vez, y si fuese una humana hechizada, una vez que hubieras comprobado nuestra seguridad, quedaría libre. Tú mismo la hubieras liberado al darte cuenta de que nuestro secreto seguía así. ¿O no?

Nicolás se estremeció bajo la mirada penetrante de su hermano.

–Me he dicho que no había nada que temer, que no necesitaba volver a verla. Aunque se me cruzó la idea de volver a hechizarla, no lo hice.

–Hiciste lo correcto –comentó Juan Pablo con una sonrisa orgullosa–. Además, no era necesario, ella iba volver por ti. Es lo que ha hecho ayer. Y volverá otra vez, y cuantas sean necesarias hasta que la tomes o la dejes.

–¿Es así con la mitad? ¿Ella siempre vuelve?

–Hasta la decisión.

–¿Aunque se tarde mucho?

–Sí. Después que se encuentran, su mitad depende de él para seguir con su propia vida. Nuestras mitades tienen su existencia atada a nosotros, así como nosotros a ellas. Lejos de nosotros, ellas son dueñas de si, pero cuando se acercan, quedamos dueños de su vida.

–¿Qué pasaría a Juliet si yo la dejase?

–Nada malo. Ella seguiría su vida normal. Quizá sufra porque se ha enamorado de ti, sin embargo no sería nada peor de lo que sufriría por cualquier hombre que necesitase olvidar.

Nicolás sintió un escalofrío al oír las palabras de su hermano, el recuerdo de la tristeza de Juliet cuando, en su primera conversación le dijo que "su príncipe se había convertido en sapo" regresó a su mente. No quería ser culpable de que nadie sufriera de aquella forma y mucho menos Juliet.

–Si ella de hecho fuese mi otra mitad, por supuesto que no la djaré.

–Ella es tu mitad.

–Me sorprende mucho oírte decir eso, hermano –Nicolás le dio una sonrisa–. Eres siempre tan cauteloso en tus declaraciones.

–Como ya te dije: estoy seguro de eso.

Nicolás quedó un rato en silencio, mirando su hermano. Juan Pablo parecía estar seguro de que Juliet era su mitad, el hombre que tenía delante de sí tenía esa aura de autoridad del Consejero. Una vez más en su vida, Nicolás se sintió pequeño. El pequeño Nicolás. El niño que buscaba el regazo de su hermano cuanto tenía miedo.

–Suponiendo que tengas razón y la tome como mi esposa, ¿nuestros hijos serían lujanes? Todos los lujanes son hijos de lujanes, no nacen al azar. Y generalmente son varones, ¿no?

Juan Pablo tomó aire para hablar.

–Hasta donde conocemos nuestra historia, todos los lujanes son hijos de un luján, sea el padre o la madre, uno de los dos es uno de nosotros. Según los registros, la mayoría siempre fueron varones. Una niña luján es un hecho muy raro –Juan Pablo ignoró los escalofríos que recorrían su espina y respondió la otra pregunta de su hermano: –Ni todos los hijos de un luján nacen con el lunar. Ser un luján no garantiza que tu hijo también lo sea.

–Pero entre nosotros no hay nadie que no lo sea –comentó Nicolás, revelando su ingenuidad ante lo oía de su hermano.

–No puede haberlo, Nicolás. Lo sabes.

Había una furia en la voz de Juan Pablo que asustó Nicolás. Aunque controlada, no podía ser ignorada. El siempre sereno Consejero ahora se confrontaba con sus más fuertes sentimientos. Pero Nicolás no pudo evitar la próxima pregunta.

–¿Y si el niño que nace no es un luján?

–No puede quedarse con nosotros. Debe ser entregado en adopción.

–¡Imposible! Eso no es justo..–. Nicolás balanceó la cabeza –¡No es justo ni con los padres ni con el niño!

–Eso es lo necesario y así será hecho.

En la voz de Juan Pablo había ahora más que furia, dolor. Era una mezcla de los dos, aunque el dolor parecía ser más fuerte. Era algo ya conocido por Nicolás, que pocas veces había visto, aunque supiese que siempre quedaba en el interior de Juan Pablo. Algo que su hermano lograba ocultar de todos, hasta de sí mismo. Lo que Nicolás no conocía era la intensidad de esos sentimientos, y quedó muy sorprendido.

Después de la sorpresa, vino a Nicolás la curiosidad: ¿cuál era la causa de tales sentimientos? Una idea se le ocurrió, parecía absurda, pero era posible. Su hermano ya era un hombre mientras él aún era un niño, podría no haberse percatado que eso ocurriera... o hubiera ocurrido antes de la muerte de sus padres.

Nicolás habló con cuidado:

–¿Has encontrado tu mitad y tuvieron un hijo? ¿Has tenido que abandonar un hijo tuyo?

Juan Pablo lo miró sorprendido y enseguida sonrió.

–No. Sin embargo es por eso que no quiero mi mitad. Si la encuentro, la dejaré. Me moriría si tuviera que abandonar un hijo.

–Lo creo. No has sido capaz de dejar un hermano en la isla vecina...

–Nicolás..–. la voz de Juan Pablo ahora era dulce–. Si yo volviese en el tiempo, después de la experiencia de asumir la responsabilidad por tu educación, haría las mismas elecciones. No me quedaría sin ti.

–Ni yo. Si me decidiera en hacer de Juliet mi esposa, ella tendrá que comprenderlo.

–No te preocupes con eso ahora, la casa y la isla son grandes lo bastante para nosotros. ¿Alguna pregunta más?

–No, además necesitas descansar, ¿no?

–Creo que sí.


2 comentarios:

  1. ¡Oh, por Dios!, que triste esa revelación, de que si un luján tiene un hijo que no lo es, deben abandonarlo.
    Poco a poco vamos conociendo los misterios que envuelven al hechizo, así como algunas de las preguntas van teniendo respuestas. Muy bueno!!!

    Besos,
    bri

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  2. Un capitulo muy interesante, ya se van develando ciertos misterios bastante importantes.
    Muy bueno en verdad.
    kisses ^ ^

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