jueves, 23 de septiembre de 2010

La Magia del Río - CAPÍTULO 1


JULIET TOMÓ aire y miró hacia el río con desaliento. No comprendía nada de lo que el guía decía y así, sin tener en que pensar, su mente volvía a sus problemas. Balanceó la cabeza. Había venido a Buenos Aires para olvidarlos y así lo haría. Obligó su mente a concentrarse en el sonido de las palabras aunque comprendiera muy pocas de ellas. Siguió mirando al río.

Aún con todas aquellas casas elegantes con sus altos muelles despertando su interés, había algo en el río que llevaba sus ojos a las aguas oscuras. Era casi como un llamado... Salieron del Sarmiento y recorrieron el Luján por algunos minutos. La embarcación empezó a maniobrar para que volviese a la Estación.

Juliet lanzó una mirada hacia la parte del río que no iban a recorrer. Fue muy rápido, pero ella estaba completamente segura de que era real. Un pez. ¿O no lo era? Era muy grande para ser un pez y muy chico para una ballena, además, las ballenas viven en el mar. Así como los tiburones y delfines. Es decir, era un pez, aunque tuviese el tamaño de una persona. Ella continuó mirando el lugar donde el pez había desaparecido y puso los ojos en plato al ver emerger un hombre y no un pez.

Guapo. Muy guapo. La piel bronceada, el pelo negro muy corto y una mirada que parecía quemar. Juliet se vio cautiva de aquella mirada penetrante y no conseguía apartar los ojos del atractivo desconocido. El rostro de él no expresaba emoción alguna. Solo la miraba, serio, con firmeza.

Cuando el barco completó la vuelta y ya no había más como mirarlo, Juliet fijó los ojos en el edificio del Museo. Solo entonces se percató de que estaba sin aliento. Aún sentía la fuerza de la mirada del hombre quemarla como si la acompañase a través del barco. "Esto es ridículo", se dijo, "nadie mira a través de las cosas".

Nicolás observaba el barco alejarse. Ahora sonreía. La chica volvería. Mañana, pasado mañana... lo cierto es que volvería. Se aseguraría de eso. Nadó rumbo a su casa.


JULIET BAJÓ en la Estación Fluvial como si fuese un autómata, aún sentía la mirada de aquel hombre. Era como si fuese un llamado. Lo mismo que sintiera en el río. Compró helado de dulce de leche y se sentó en una de las mesas para tomarlo. Miraba hacia el río mientas repasaba la escena. Había visto un pez muy grande. Estaba segura de eso: lo que había visto era un pez y no un hombre. Y enseguida ese hombre surgió nadando y el pez no volvió a aparecer. Que el pez no regresara no era espantoso, los peces no suelen vivir en la superficie de los ríos. Lo espantoso había sido el surgimiento del hombre. Ella había estado mirando el agua durante mucho tiempo, él no estaba allí. ¿Cómo surgió sin ningún equipo de buceo? Ni siquiera un respirador primitivo... era como si pudiera respirar en el agua.

No quería pensar en aquel hombre. En ningún hombre. Por eso, decidió concentrarse en el pez. Podría empezar con una pesquisa en internet. Se levantó y siguió hacia la estación de trenes.


NICOLÁS SE tumbó de espaldas en la arena esperando que la sangre volviese a sus pies y los nervios de la pierna quedasen listos para el movimiento de andar.

Sus antepasados habían sido muy precavidos al construir aquel canal particular "para botes" con una agradable playa de arena para que ellos se recuperaran del cambio. ¿Qué dirían los turistas si viesen un hombre desnudo tumbado en la arena? Tal vez a las chicas les gustase.... se rió de si mismo, pero enseguida se puso serio. Por cierto la chica había visto el cambio, o por lo menos se habia percatado de la presencia del pez y de su surgimiento. Eso garantizaba a que ella volvería.

Su problema ahora era encontrarla otra vez sin que su hermano supiese que era una necesidad. Difícil. Juan Pablo, su hermano mayor, era el Consejero de todos, un hombre perspicaz y experto en problemas como ese: ser atrapado por un humano.

Se puso de pie y cogió el pantalón corto que había usado durante el día, pero no lo vistió. Siguió hacia la casa que compartía con su hermano. Había sido muy afortunado en que ocurriera en su día de descanso. Mañana, cuando fuese a la Estación tras la chica, Juan Pablo estaría trabajando y lo vería. Peor sería si ella no volvía mañana... tendría que ir todos los días a la ciudad y su hermano sólo tendría otro día libre en la semana siguiente.

Llegó a la casa por los fundos, pero eso no hacía ninguna diferencia. Para llegar a su cuarto, en el piso superior, tendría que pasar por la sala donde su hermano probablemente estaría mirando el fútbol en la tele. No le gustaba la idea de encontrar a Juan Pablo mientras aún estaba tan perturbado por el incidente con la chica, pero ya hacía mucho tiempo que había salido de casa y si se demoraba más a volver tendría problemas.

Nicolás entró por la cocina y oyó la voz alterada del narrador de fútbol, ojalá el partido estuviese muy interesante y Juan Pablo no le prestase atención.

Pasó por el comedor y entró en la sala, sin mirar su hermano siguió hacia la escalera. Pero antes de llegar a ella Juan Pablo ya había bajado el volumen de la tele y le miraba frunciendo el ceño.

–¿Qué pasa?

–¿Por qué debepasar algo?

–Porque no te pusiste la ropa –dijo Juan Pablo señalando la mano de su hermano–. Eso suele ocurrir cuando estás planeando algo, y tus planes suelen nogustarme.

–No pasa nada.

–¿Una chica?

Nicolás resopló resignado.

–Sí. He visto una que me agradó.

–Cuidate. Sabes que...

–Sí, sí, sí –atajó Nicolás–. Sé que no podemos hacer el amor con cualquiera chica como hacen los otros.

–Vas a buscarla y eso es peligroso.

–No he dicho eso, sólo que ella me ha gustado.

–Pero vas a buscarla, lo sé. Eres mi hermano, te conozco.

–Conoces a todos. Nadie escapa de ti.

Juan Pablo ignoró el comentario mordaz.

–Acuérdate que el acto de amor empieza en un beso.

–Pero ni todo beso termina en el acto de amor –repuso Nicolás.

–¿Ella es del Tigre?

–No lo sé. Estaba en un barco.

–Turista... ¿Cómo piensas en verla otra vez?

Nicolás no respondió.

–¿La embrujaste? –aunque la voz de Juan Pablo tuviese el matiz de una pregunta,sonaba como una amenaza.

–No. Ella le dijo al guía que volvería.

Furioso con el interrogatorio, Nicolás subió los escalones de dos en dos y siguió hasta su cuarto, cerrando la puerta de un portazo.

Juan Pablo sorbió su cerveza. Su hermano mentía muy mal. Había embrujado a la chica para que volviese y él ya podía imaginarse el por qué. Había sólo un motivo para que ellos embrujasen alguien: si eran vistos mientras cambiaban. ¿Cómo Nicolás pudo ser tan tonto y dejarse atrapar por un barco de turistas? ¡Eso era el máximo de la tontería! Todos eran tan cuidadosos y su hermano hacía eso... Ahora ya no servía de nada quedarse lamentando la tontería de Nicolás, lo que necesitaba era mantenerlo bajo sus ojos en los próximos días. Volvió la atención a la tele, el partido era decisivo y estaba emocionante.


JULIET SE recostó en el respaldo de la silla y lanzó los brazos hacia el techo, estirándolos. Resopló. Estaba tan acostumbrada a hacer pesquisas en Internet que no se le había ocurrído la posibilidad de encontrar muy poco o casi nada sobre un tema. Todo lo que había encontrado sobre los peces del Delta era relacionado a pesca. Ningún tratado científico o reportaje de alguna revista conceptuada. Miró la pantalla de su portatil. Un hombre sonriente enseñaba un pez de unos 40 cm. Para que pusiesen esa foto allí en la página de ventas de excursiones de pesca, ese debería ser un pez grande. Sí, un pez de casi medio metro era un pez grande, pero el que ella había visto esa tarde tenía más de metro y medio.

He visto un pez de ese tamaño, se repetía para sus adentros, y no he estado delirando. Primero fue el pez, luego el hombre. En el mismo lugar. Era como si el pez si hubiese transformado en el hombre, o viceversa. Rió de esa idea absurda.

Absurda hasta para una leyenda... hasta ahora sólo había oído historias de sirenas, sea de ríos o de mar, y nunca de “sirenos”. Los espíritus del agua eran siempre femeninos.

Cansada de la búsqueda infructuosa, apagó su portátil y pasó a examinar el mapa de la ciudad que el chico de la recepción del hotel le había dado cuando se registró. No tenía certeza de que se quedaría todo el mes que se había dado de baja en la escuela, en Buenos Aires, por eso planeaba con cuidado cada uno de sus días.

No quería partir sin haber visto las cosas que consideraba más interesante. Era su segundo día allí, y sus planes eran para una semana. Sintió la extraña necesidad de volver al Delta... quizás haría eso alguno de estos días, pero no mañana. Se concentró en el mapa y, garabateando un papel, marcó todo que pensó ser importante.


NICOLÁS BAJÓ las escaleras sonriendo, la noche le había traído inspiraciones para la doble tarea que tenía delante de sí: encontrar la chica y escaparse de su hermano. Su sonrisa se alargó al ver la chica junto al fregadero, mixturando una jarra de jugo.

–¡Qué mañana de domingo más maravillosa! Hasta los ángeles bajaron a la cocina hoy –dijo él a cercándose a la joven y besándola en la mejilla.

La chica carcajeó.

–¿Qué pasa?

–Ayer he descubierto que las mujeres son hermosas –repuso Nicolás mientras se acercaba a su hermano y también lo besaba en la mejilla–. ¡Buen día!

–Buen día –masculló Juan Pablo.

–Bien, ahora sé porque tu hermano no tiene buena cara hoy –repuso

Verónica–. Para que te quedes así... estás enamorado.

–Por supuesto –dijo Nicolás colocando el pan en la tostadora.

–¿Y quién ha sido tu elegida?

–Una turista.

–Nombre... –insistió Verónica, curiosa.

–Aún no sé. Ayer la he visto en un barco en el río... y me quedé enamorado.

Verónica carcajeó otra vez.

–Como siempre, te portas como si fueses un niño –ella volvió la mirada hacia Juan Pablo–. Primo, no hay motivo para tu preocupación. Si ella vuelve, será el año próximo, los turistas no hacen el paseo dos veces en un mismo viaje. Hay mucho para ver en Buenos Aires para que se tomen dos día aquí –dijo despreocupada.

–Ella volverá –dijo Juan Pablo, sombrío.

Verónica miró Nicolás, que sacaba el pan de la tostadora.

–Se lo dijo al guía –explicó él y mordió el pan.

Verónica estrechó los ojos y aunque nada dijo, Nicolás sabía que, así como su hermano, no le había creído. Bueno, no necesitaba que le creyese pero si Verónica, quizás fuese aún más cooperativa y necesitaría de ella. Su prima trabajaba en la heladería en la Estación, y a las mujeres les gustan los helados... quizás su chica fuese a la heladería y Verónica le podría avisar de eso.

–Es casi nuestra hora –dijo Juan Pablo mirando al reloj en la pared de la cocina–. ¿Necesita pasar a casa, Verónica?

–No, he traído todas mis cosas.

Ella moraba con sus padres y hermanos en la isla vecina y cuidaba de los quehaceres domésticos de la casa de ellos. Solía venir por las mañanas y hacer el desayuno allí. En sus días libres, se quedaba en la casa; en los días de trabajo iban todos juntos a la Estación.

–Me voy con ustedes –declaró Nicolás.

Verónica lo miró sorprendida.

–Estás de vacaciones, ¿necesitas ir tan temprano? El movimiento ahora es pequeño.

–La empresa sólo me ha pedido que esté en la Estación en las tardes de domingo, cuando el movimiento puede ser mayor que el esperado y me necesiten, pero no pienso en trabajar hoy. Busco a mi hermosa princesa, por eso es que quiero ir temprano, con ustedes. No puedo arriesgarme a no verla otra vez. Me moriría.

El tono dramático de Nicolás hizo Verónica reír, aunque suponía que él había embrujado la chica para que volviese.


JULIET SIGUIÓ rigurosamente los planes hechos en la noche y no tuvo dificultad en darse a entender con el conductor del colectivo. Había estudiado español en el colegio y en la universidad, aunque no lo había practicado desde que saliera de las clases, no lo había olvidado de todo. Y, además, desde que había decidido venir a Buenos Aires, sólo había leído libros en español. Aún tenía dificultad en seguir una charla larga, como la del guía en el barco de ayer, pero comprendía las frases cortas.

El recuerdo del paseo en el río la hizo estremecer. Alejó el pensamiento y miró adelante. Era eso que necesitaba hacer en su vida: olvidar los recuerdos y mirar adelante.

La Feria de Mataderos era todo lo que había esperado: barracas coloridas llenas de toda suerte de artesanías. Recorrió lentamente la primera parte, demorándose en cada una de las barracas, admirando aquellos objetos que para ella eran una gran novedad. Al llegar a las barracas de comida, sucumbió a la tentación de experimentar lo desconocido: pidió una porción de locro y tamales.

Sentada en una mesa en la sombra de los árboles, junto a personas desconocidas, se sintió muy solitaria. Miró la mano sin anillos. No sentía la falta del anillo de compromiso que había llevado por cuatro años... Bryan la había magullado de tal manera que era un alivio tenerle lejos de su vida.

Si las cosas hubiesen salido como ella imaginaba hace un mes, hoy sería su primer día de casada. Casada con Bryan, su primer y único novio.

Había conocido Bryan a los quince años y estaba encantada con su naturaleza confiada y dominante. Dos años después eran una pareja fija y enseguida empezaron a hacer planes para una boda feliz y larga. Construyeron una casa, compraron muebles... ella había invertido todo su dinero en aquella casa. No compraba nada para sí misma, todo lo que ganaba lo gastaba en aquella casa.

Bryan insistía para que la documentación de la casa y todas las notas de gastos fuesen hechas en su nombre. Ella estuvo de acuerdo.

Un mes antes de la boda descubrió que Bryan mantenía una amante hacía más de tres años y cuando le había exigido explicaciones, él le dijo que no la amaba. Humillada, deshizo el compromiso y canceló la boda.

Cuando se ocupó de arreglar la división de lo que había en la casa, Bryan se rió y dijo que era todo suyo. Juliet discutió y al fin él le pidió que comprobara que tenía derecho a alguna cosa. Ultrajada, buscó a su padre.

Quedó desesperada al oír de su propio padre que no había nada a hacer, ella había sido una tonta más: Bryan tenía todos los documentos de compra en su nombre. Todo era de él.

Además de esa desilusión, vinieron otras peores. Su padre le dijo que lo más sensato sería perdonar Bryan, olvidar a la amante y casarse con él.

Perdonó a su padre por decir eso, era un hombre, no comprendía los sentimientos más profundos de una mujer. Pero su madre y sus dos hermanas mayores, ya casadas, tenían la misma opinión.

Al fin y al cabo, para su familia, ella era la villana de la historia.

Ofendida, decidida a no volver atrás pidió un mes de licencia en su trabajo y viajó lejos de todos. Tras algunas pesquisas en internet había elegido Buenos

Aires como su destino. No dijo nada a su familia, sólo le avisó a la directora de la escuela en la que trabajaba. Poco antes de embarcarse llamó sus padres desde el aeropuerto, le dijo que iba viajar, pero no contó su destino. Necesitaba un tiempo lejos de ellos, un tiempo para poner sus ideas y sentimientos en orden.

Juliet balanceó la cabeza para alejar los recuerdos. Era un domingo de sol, día de mirar hacia adelante. La comida, muy diferente de todo que conocía, le pareció maravillosa. Habían barracas que vendían dulces y satisfecha, se arriesgó a comprar un pastelito de membrillo. Continuó recorriendo la feria, había mucho que ver.


EN SU DESCANSO Juan Pablo fue hasta la heladería de Verónica.

–¿Qué piensas de Nicolás? –le preguntó él sin rodeos.

–Lo mismo que tú: ha embrujado a la chica para que vuelva.

–Lo vi antes conversando un rato, ¿él te dijo algo sobre ella?

Hablaban muy bajo, pues aún estaban en la heladería y alguien podría oír la extraña conversación. Verónica tomó aire antes de responder asu primo.

–Sé que te has quedado muy preocupado por Nicolás, pero no puedo traicionarlo... ni a ti –Verónica puso la mano en el brazo de Juan Pablo–. Si, de alguna manera, yo supiese de algo que pueda ser peligroso o que deba ser de cuidado te lo diré.

–Gracias, Verónica –repuso él, cubriendo la mano de la chica con la suya–.

Es una situación más delicada que las otras... por ser Nicolás.

–Tal vez –ella sonrió–. Eres nuestro Consejero, tienes una responsabilidad sobre todos nosotros, incluso Nicolás. Y él es el más joven, aunque sea más responsable que la mayoría de los chicos de su edad y que algunos de nuestros hombres. Lo sabes –Juan Pablo asintió y ella continuó–. tu miedo, primo, es tener que castigar a Nicolás. Tienes miedo de que tu posición de hermano influya en tu decisión.

–Sí –repuso Juan Pablo con la voz casi inaudible.

–Si algún día tuvieras que castigar a tu hermano, sé que lo harás con más severidad que a los otros.



4 comentarios:

  1. La verdad que este primer capitulo me ha gustado mucho, de a poco vamos conociendo a los personajes y sus historias, muy bueno en verdad. voy a estar atenta para el próximo !! saludos ^ ^

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  2. Hola, Cristina
    Gracias por permitirnos leer esta historia; que si el argumento me había llamado poderosamente la atención, este primer capítulo, me "embrujó".

    Pobrecita Juliet, lo que tuvo que pasar por culpa de su ex. Esperemos que Nicolás, que se ha enamorado de ella, así a primera vista, pueda borrar todas sus penas... pero primero tiene que encontrarla, claro.

    Estoy ansiosa por leer los siguientes capítulos, ir conociendo a los personajes y sus misterios.

    Hermoso el paseo por el río. (Años atrás, cuando vivía en Buenos Aires, tuve la suerte de hacer en un par de ocasiones esos viajes en lancha de pasajeros y en un catamarán por el tigre, hasta el delta, y me encantó. Gracias por traerme esos hermoso recuerdos con tu descripción.
    Besos,
    Bri

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  3. Hola, Chicas

    Estoy contenta que les ha gustado ese capítulo. De hecho, Bri, el Delta es un lugar único y recorrer sus ríos es una experiencia maravillosa.

    La mirada de Juliet sobre las cosas es algo de la mía cuando estuve ahí por primera vez, y como la inspiración para la historia nació justo cuando la lancha hizo la vuelta delante del MAT, nada mejor que empezar a contarla allí.

    Nicolás ha sido el mejor compañero que he tenido al escribir, es una persona divertida, que siempre mira la vida como si hubiese algo bueno le esperando mañana. Como suelo compartir los ánimos de mis personajes, ha sido un tiempo muy agradable el que estuve escribiendo esta novela.

    Y como nadie puede estar seguro... siempre que estoy en Tigre, me quedo un par de horas mirando al Luján. Pero no he visto ningún pez como ese de Juliet.

    Besos

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  4. Hola Cristina. Pasé un momentito a saludarte, a desearte un feliz fin de semana y avisarte que tienes un regalito en el blog. Espero que te guste.

    http://iris-alasparavolar.blogspot.com/2010/09/feliz-fin-de-semana.html


    Pasaré con más tiempo para leer este primer capítulo.

    Besos

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