El héroe de la literatura y mitología
Sigurd o Siegfried (Sigfrido) es protagonista del relato en prosa la Saga Volsunga y del poema el Cantar de los Nibelungos; sin embargo, el origen de sus apariciones literarias está en las Eddas de la mitología nórdica, obras islandesas medievales.
Sigfrido creció en la selva y su maestro fue el herrero Mime. El futuro héroe forjó nuevamente la espada que había pertenecido a su padre, y con ella atravesó el corazón del dragón Fafner, en cuya sangre se bañó para hacerse invulnerable. Sólo un lugar de su espalda —donde se pegó una hoja de tilo— no fue bañado por la sangre.
Con el paso de los siglos, Sigfrido dejó que la sociedad absorbiera sus rasgos de caballero convirtiéndose en una persona indecisa, carente de códigos, amistosamente pobre y faltó a la verdad. Ha herido sentimientos y se oculta ignorando a las personas que lo aprecian.
El soldado
Siegfried era poco más que un niño cuando Albergard entró en guerra. Sus hermanos mayores se juntaron a toda la gente del Norte para combatir el enemigo. El país no tenía un buen ejercito y los campesinos fueron decisivos en la batalla. Experto con la lanza, Siegfried se juntó a las milicias y cuando la guerra terminó fue llevado al Palacio de Freyndrich para ser entrenado. Su misión sería proteger la hija mayor del Rey, la heredera de la corona y sacerdotisa de Odín.
A lo largo de los años en que estuvo al lado de la princesa Hilda siempre ha sido fiel y corajoso, y cuando el Rey muere, ella lo hace Jefe de la Guardia del Palacio - el puesto mayor dentro del ejército de Albergard. Justo y equilibrado, Siegfried la ayuda a gobernar el país. Mientras tanto su corazón sufre por el amor que él sabe ser imposible.
En el día de la boda de Hilda él abandona el Palacio, pero sigue en el ejército. Cinco años después Siegfried es obligado por el General Hansen - su jefe en la frontera Oeste - a volver al Palacio. Su misión: llevar un espía. Así, él es involucrado en los problemas políticos de su país otra vez, y en la vida de su princesa.